Los geólogos y teólogos exploran la Tierra como “el segundo libro de Dios”: su origen, composición y arquitectura revelan un Diseñador soberano; su historia, marcada por imperios que ascienden y caen, cumple profecías con precisión matemática; y su destino final la piedra cortada sin mano anuncia el fin del tiempo y el triunfo eterno de Cristo sobre la rebeldía humana.