El físico Lorenzo Procopio explora el destino del universo desde la ciencia y la fe: la expansión acelerada, la materia y energía oscura, y las hipótesis del fin físico —muerte térmica, gran desgarro, gran colapso, gran sorbo— contrastan con la promesa bíblica de un cielo y tierra nuevos. Su análisis destaca que, aunque la física predice un universo frío y sin esperanza, la Revelación ofrece renovación, eternidad y esperanza —porque Dios es el Creador, Redentor y Sustentador de todo. La ciencia ilumina el “cómo”, pero solo la Biblia revela el “por qué” y el “para qué” de nuestro cosmos.
