El ingeniero Ángel Racancoj Rov explora las matemáticas desde una visión creacionista: su presencia en la naturaleza —desde el fractal del brócoli hasta el hexágono de las colmenas— revela un Dios que ama los números. Destaca el sistema maya vigesimal, con su uso temprano del cero, como prueba de una sofisticada herencia matemática americana. Invita a ver las matemáticas no como un obstáculo, sino como lenguaje divino, herramienta de orden y fuente de maravilla, aplicable incluso en la Biblia —como en la profecía de los 2300 días o el número 153—, y en la vida cotidiana, desde la nutrición hasta la geometría de la creación.
