El físico Alexey Popov explora desde una perspectiva creacionista cómo el ADN, con su código genético, revela un diseño inteligente: su información no surge por azar, sino que requiere una convención lingüística producto exclusivo de inteligencia. La complejidad del genoma, la imposibilidad de su origen espontáneo y su relación con la segunda ley de la termodinámica apuntan a un Creador. La vida no es caos, sino orden informado un reflejo del propósito divino.
